Mostrando entradas con la etiqueta Reflejos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflejos. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de agosto de 2011

A Javier Antonio, José Francisco, Miguel Arturo y Manuel José‏

Por Miguel Matos, sj.

¿ Y quiénes son ellos ?.Para los no cercanos a la Compañía de Jesús de Venezuela, se los presento simplemente así: Son cuatro cristianos que durante esta semana se están convirtiendo en Sacerdotes. Mi primera palabra para ellos cuatro: El solo recuerdo de sus nombres y la alegría extraordinaria de su sacerdocio inunda mis ojos de las lágrimas más agradecidas y gozosas.
Yo acabo de cumplir 39 años de haber sido ordenado. Hijos queridos, ustedes no se pueden imaginar la infinita felicidad que puede llenar una vida sacerdotal aunque sea sencilla y humildemente asumida como regalo inmerecido con el que el Señor nos confía el mantener viva y creciente la memoria de Jesús de Nazareth.

martes, 12 de octubre de 2010

Actualizar la pedagogía ante el mundo cambiado

Leonardo Boff
Adital


Siglos de guerras, de enfrentamientos, de luchas entre pueblos y de conflictos de clase nos están dejando una amarga lección. Este método primario y reduccionista no nos ha hecho más humanos, ni nos aproxima más unos a otros, ni mucho menos nos ha traído la tan ansiada paz. Vivimos en permanente estado de sitio y llenos de miedo. Hemos alcanzado un estadio histórico que, en palabras de la Carta de la Tierra, "nos convoca a un nuevo comienzo". Esto requiere una pedagogía, fundada en una nueva conciencia y en una visión incluyente de los problemas económicos, sociales, culturales y espirituales que nos desafían.
Esta nueva conciencia, fruto de la mundialización, de las ciencias de la Tierra y de la vida y también de la ecología nos está mostrando un camino a seguir: entender que todas las cosas son interdependientes y que ni siquiera las oposiciones están fuera de un todo dinámico y abierto. Por esto, no cabe separar sino integrar, incluir en vez de excluir; reconocer, sí, las diferencias, pero buscar también las convergencias, y en lugar del gana-pierde, buscar el gana-gana.
Tal perspectiva holística está influenciando los procesos educativos. Tenemos un maestro inolvidable, Paulo Freire, que nos enseñó la dialéctica de la inclusión y a poner "y" donde antes poníamos "o". Debemos aprender a decir «sí» a todo lo que nos hace crecer, en lo pequeño y en lo grande.
Fray Clodovis Boff acumuló mucha experiencia trabajando con los pobres en Acre y en Río de Janeiro. En la línea de Paulo Freire nos entregó un librito que se ha convertido en un clásico: Cómo trabajar con el pueblo. Y ahora, ante los desafíos de la nueva situación del mundo, ha elaborado un pequeño decálogo de lo que podría ser una pedagogía renovada. Vale la pena transcribirlo y considerarlo, pues puede ayudarnos, y mucho.


"1. Sí al proceso de concienciación, al despertar de la conciencia crítica y al uso de la razón analítica (cabeza). Pero sí también a la razón sensible (corazón) donde se enraízan los valores y de donde se alimentan el imaginario y todas las utopías.

2. Sí al ‘sujeto colectivo’ o social, al ‘nosotros’ creador de historia (‘nadie libera a nadie, nos liberamos juntos’). Pero sí también a la subjetividad de cada uno, al ‘yo biográfico’, al ‘sujeto individual’ con sus referencias y sueños.

3. Sí a la ‘praxis política’, transformadora de las estructuras y generadora de nuevas relaciones sociales, de un nuevo ‘sistema’. Y sí también a la ‘práctica cultural’ (simbólica, artística y religiosa), ‘transfiguradora’ del mundo y creadora de nuevos sentidos o, simplemente, de un nuevo ‘mundo vital’.

4. Sí a la acción ‘macro’ o societaria (en particular a la ‘acción revolucionaria’), la que actúa sobre las estructuras. Pero sí también a la acción ‘micro’, local y comunitaria (‘revolución molecular’) como base y punto de partida del proceso estructural.

5. Sí a la articulación de las fuerzas sociales en forma de ‘estructuras unificadoras’ y centralizadas. Pero sí también a la articulación en ‘red’, en la cual por una acción descentralizada, cada nudo se vuelve centro de creación, de iniciativas y de intervenciones.

6. Sí a la ‘crítica’ de los mecanismos de opresión, a la denuncia de las injusticias y al ‘trabajo de lo negativo’. Pero sí también a las propuestas ‘alternativas’, a las acciones positivas que instauran lo ‘nuevo’ y anuncian un futuro diferente.

7. Sí al ‘proyecto histórico’, al ‘programa político’ concreto que apunta hacia una ‘nueva sociedad’. Pero sí también a las ‘utopías’, a los sueños de la ‘fantasía creadora’, a la búsqueda de una vida diferente, en fin, de ‘un mundo nuevo’.

8. Sí a la ‘lucha’, al trabajo, al esfuerzo para progresar, sí a la seriedad del compromiso. Y sí también a la ‘gratuidad’ tal como se manifiesta en el juego, en el tiempo libre, o simplemente, en la alegría de vivir.

9. Sí al ideal de ser ‘ciudadano’, de ser ‘militante’ y ‘luchador’, sí a quien se entrega lleno de entusiasmo y coraje a la causa de la humanización del mundo. Pero también sí a la figura del ‘animador’, del ‘compañero’, del ‘amigo’, en palabras sencillas, sí a quien es rico en humanidad, en libertad y en amor.

10. Sí a una concepción ‘analítica’ y científica de la sociedad y de sus estructuras económicas y políticas. Pero sí también a la visión ‘sistémica’ y ‘holística’ de la realidad, vista como totalidad viva, integrada dialécticamente en sus varias dimensiones: personal, de género, social, ecológica, planetaria, cósmica y trascendente".

[En Servicios Koinonía].

Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1〈=ES&cod=51396

domingo, 3 de octubre de 2010

Mística y política

Bruno Renaud.
Correo del Orinoco. Sábado, 02 de Octubre de 2010

En el curso de la campaña electoral reciente, ciertos obispos del país no tuvieron mucho empacho en intervenir "a tiempo y destiempo" en el quehacer político. Cosa poco excepcional, lo hicieron a menudo con escaso sentido de la objetividad, la necesidad y la urgencia. ¿Para bien de quién?
En los inicios del siglo IV, cuando el imperio romano se convirtió a la fe cristiana, los obispos se convirtieron a la causa imperial. En el banquete que concluyó la primera reunión episcopal de la época, en un arranque de emoción mística el emperador Constantino se dirigió a los comensales obispos y pronunció aquella frase histórica: "¡Ustedes son los obispos de lo que está dentro de la Iglesia, y yo soy el obispo puesto por Dios de lo que está fuera!". Como un solo hombre, los obispos se pararon y aplaudieron frenéticamente. Así quedó sellado el contrato de concubinato entre ambos poderes; un modelo soñado, para muchos, de la alianza entre el cielo y la tierra.

En el curso de la campaña electoral reciente, ciertos obispos del país no tuvieron mucho empacho en intervenir "a tiempo y destiempo" en el quehacer político. Cosa poco excepcional, lo hicieron a menudo con escaso sentido de la objetividad, la necesidad y la urgencia. ¿Para bien de quién?
En los inicios del siglo IV, cuando el imperio romano se convirtió a la fe cristiana, los obispos se convirtieron a la causa imperial. En el banquete que concluyó la primera reunión episcopal de la época, en un arranque de emoción mística el emperador Constantino se dirigió a los comensales obispos y pronunció aquella frase histórica: "¡Ustedes son los obispos de lo que está dentro de la Iglesia, y yo soy el obispo puesto por Dios de lo que está fuera!". Como un solo hombre, los obispos se pararon y aplaudieron frenéticamente. Así quedó sellado el contrato de concubinato entre ambos poderes; un modelo soñado, para muchos, de la alianza entre el cielo y la tierra.
Pero como lo dijo un crítico literario en el siglo XIX, "todo comienza en mística y concluye en política". Muy pronto, papas y príncipes intentaron jalar la cobija de su lado por motivos que nada tenían que ver con la gloria de Dios o el servicio al pobre. Fue inevitable y sanguinaria la larguísima historia de guerras y tormentas entre los dos poderes, a la vez aliados y enemigos...
La denuncia de esta relación antievangélica vino más bien de los laicos que de los sacerdotes. Los siglos XVIII al XX ponen de manifiesto la dificultad que tuvieron los clérigos en aceptar la diferencia entre el tiempo y la eternidad.
Por eso, hasta el día de hoy, en el subconsciente de no pocos hombres de Iglesia sigue siendo motivo de secreta añoranza la situación de mando ejercido por lo espiritual (es decir, ¡por los eclesiásticos!) sobre las estructuras de este mundo. Ninguna duda: son de (relativa) buena "fe" -¡como las del fanático monje Savonarola en el siglo XV!- las prédicas modernas a favor del bien común o la insistencia en una justa política. Pero entre la supuesta superioridad del poder espiritual y la dictadura de los príncipes de la Iglesia, la distancia es corta. Nunca más habrá que recorrerla.

domingo, 7 de febrero de 2010

"QUEDAN LOS ÁRBOLES QUE SEMBRASTE"


Juan José Tamayo
Adital

Crónica de una Utopía con monseñor Proaño en el horizonte*
"Quedan los árboles que sembraste", es éste un verso del bello poema que escribiera Leonidas Proaño el 4 de marzo de 1984. Cuatro años después fallecía a los 78 años dejando un testamento oral a su más estrecha colaboradora Nidia Arrobo, quien, contra viento y marea, ha asumido la hermosa y titánica tarea de mantener viva la memoria del obispo de los indios del Chimborazo, de todos los indios del Ecuador, de todos los indios de Abya-Yala y, con ellos, de todos los condenados de la tierra, y de activar su herencia liberadora. Un testamento dolorido, dramático, amargo, sin concesiones al triunfalismo, que señala con el dedo a la propia Iglesia como responsable de la opresión que viven los pueblos originarios. Taita Proaño se expresaba de esta guisa poco antes de morir: "Nidia, tengo una idea, me sobreviene una idea, de que la Iglesia es la principal responsable de la situación de opresión de los indígenas... ¡Qué dolor! ¡Qué dolor! Y yo estoy cargando con ese peso de siglos. ¡Qué dolor! ¡Qué dolor!".

Él, que tanto luchó por la dignidad y los derechos de los indígenas y de la Pachamama, él, que repartió centenares de hectáreas pertenecientes a la diócesis de Riobamba entre las comunidades indígenas, precisamente él quiso cargar con ese dolor, con ese peso de siglos como hiciera el Siervo de Yahvé de los Cantos de Isaías, de quien Taita Proaño fue la más viva y auténtica encarnación. ¿Recordáis el Canto primero? Vamos a leerlo juntos todos los árboles ya dispersos por nuestros pueblos: "He puesto mi espíritu sobre él: dictará la ley a las naciones. No vociferará ni alzará el tono. Y no hará oír en la calle su voz. Caña quebrada no partirá, y mecha mortecina no apagará. Lealmente hará justicia; no desmayará ni se quebrará hasta implantar en la tierra el derecho, y su instrucción atendrán las islas… Yo Yahvé, te he llamado en justicia, te así de la mano, te formé; te he destinado a ser alianza de los pueblos y luz de las gentes para abrir los ojos a los ciegos, para sacar del calabozo a los presos, para abrir los ojos a los ciegos. Para sacar del calabozo a los presos y de la cárcel a los que viven en tinieblas" (Isaías 42,1-4.6-7).




La inter-identidad como nueva forma de afirmar nuestra identidad

La propia figura y el estilo de vida de monseñor Proaño y de los indígenas con quienes compartió su suerte, el Sumak Kawsay (bien vivir, vida en plenitud, que poco tiene que ver con vivir mejor o darse a la buena vida) responden a la descripción que del Siervo de Yahvé hiciera el cuarto Canto de Isaías: "¿Quién dio crédito a nuestra noticia (del Sumak Kawsay) Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; le vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciado, marginado, ser doliente y enfermizo… Un Don Nadie. ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba!" (Isaías 53,1-4).

Para celebrar el 100 cumpleaños de Proaño nos reunimos en Quito, del 27 al 31 de enero de 2010, 250 árboles sembrados por él a lo largo y ancho del Planeta. Árboles que no han logrado ser abatidos ni por el huracán de la globalización, ni por la actual involución de las iglesias, ni por el fundamentalismo político (religión del Imperio), ni por el fundamentalismo económico (religión del Mercado), ni por el fundamentalismo cultural (religión de Occidente). Éramos, somos, árboles de todos los pueblos y naciones de Abya Yala, también de Haití, presente en nuestro recuerdo a través de la solidaridad efectiva, de varios países de Europa, del Norte de América, de África. Cada uno con nuestra propia savia, con nuestras ramas autóctonas, con nuestras raíces, con nuestros propios nombres.

Ninguno de los árboles allí convocados por Taita Proaño tuvimos que renunciar a nuestras raíces profundas, a nuestras identidades conformadas desde siglos y milenios. Eso sí, eran todas raíces e identidades en comunicación y sintonía, en convergencia y armonía con otras raíces e identidades, hasta tejer la inter-identidad en red, que es nuestra verdadera identidad. Así hacíamos nuestras las palabras de Sygmunt Bauman: "La identidad es como un mosaico al que le falta una tesela". La inter-identidad es la verdadera identidad de los pueblos, de los originarios y ancestrales y de los surgidos posteriormente.

La interdependencia y la intercomunicación, la fraternidad y la sororidad, la solidaridad inter-humana y la cosmicidad fue lo que nos mantuvo unidos a los hombres, las mujeres, los pueblos y la naturaleza durante los últimos cinco días de enero en la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito. ¿Con qué finalidad? ¿Con qué intención? Para conmemorar la efemérides de la "resurrección" de monseñor Proaño, obispo de los indios, símbolo de resistencia contra el capitalismo, despertador de las conciencias adormecidas, educador popular siguiendo el método jocista del "ver, juzgar y actuar" y la pedagogía de la concientización de Paulo Freire, profeta que denunció las injusticias estructurales y anunció una nueva sociedad igualitaria, poeta y cantor de la solidaridad y de la esperanza, "el jilguero de Pucahuaico", como le llama el cantante Ataulfo Tovar, el más universal, al tiempo que el más local, de todos los ecuatorianos y ecuatorianas.

La herencia de los obispos-profetas frente a la involución eclesiástica

Vivimos tiempos de involución eclesial, mejor eclesiástica, y no podemos dilapidar la herencia que nos legaron los obispos-profetas que en Abya-Yala han sido durante los últimos cuarenta años: los chilenos Manuel Larraín (1900-1966) y Raúl Siva Enríquez (1907-1991), los mexicanos Sergio Méndez Arceo (1907-1991) y Samuel Ruiz (nacido en 1924), el salvadoreño Oscar Arnulfo Romero (1917-1980), los brasileños Helder Cámara (1909-1999), Pablo Evaristo Arns (nacido en 1921), Antonio Fragoso (1920-2002), Pedro Casaldáliga (nacido en 1928) y Aloys Lorscheider (1924-2008), el argentino asesinado Enrique Angelelli (1923-1976), el guatemalteco Juan Gerardi (1922-1998), el ecuatoriano Leonidas Proaño y otros que harían esta lista interminable, muchos de ellos fallecidos y otros eméritos. Pero todos ellos portadores de luz y utopía en tiempos oscuros y anti-utópicos. Tenemos una responsabilidad histórica con ellos: continuar el trabajo que iniciaron, pero no de manera mimética, sino creativamente, cada uno en su lugar, en su tiempo, en su comunidad, en su cultura, en su religión, en su actividad política; responder a los nuevos desafíos que nos plantea la globalización neoliberal, incluyendo a quienes ésta excluye. Los obispos de Abya-Yala citados y otros que caminaron por la misma senda son, como los llama José Comblin, los nuevos padres de la Iglesia latinoamericana que pusieron la primera piedra de la Iglesia de los pobres e inauguraron un nuevo magisterio social al servicio de los excluidos.

Ellos pusieron en práctica un nuevo modelo episcopal alejado de la pura gestión administrativa y comprometido con la evangelizadora liberadora y concientizadora mediada políticamente. Sí, la política como mediación necesaria para hacer realidad el reino de Dios en la historia. Por eso la acusación a monseñor Proaño de hacer política, lejos de ser un insulto, era un elogio, un piropo, como demuestra el título de uno de sus libros más emblemáticos: Evangelización, concientización y político. Nosotros, los árboles sembrados por el obispo de los indios, tampoco consideramos un insulto la acción política. Todo lo contrario es nuestro timbre de honor. Los cristianos y cristianas, dijo Frei Betto en su conferencia, somos seguidores de un condenado político. Si no hiciéramos política, estaríamos desviándonos del camino de Jesús de Nazaret. Pero, ¿qué política? La del Reino, no la del Imperio, la de Jesús de Nazaret, no la del César, la de las Bienaventuranzas, no la del joven rico, la de Lázaro, no la del rico epulón, la de de los alterglobalizadores, no la de los globalizadores neoliberales.

Aquellos obispos eran todos amigos y muchas veces los acogió Taita Proaño en la residencia de Santa Cruz, donde en una ocasión fueron detenidos y apresados. Ningún proyecto humano puede salir adelante, dice el Dalai Lama, líder del budismo tibetano, si no está basado en la amistad. Amistad, confianza mutua, fe en un proyecto, compromiso de hacerlo realidad: ésas eran las bases del trabajo colectivo del grupo de obispos que había ido forjando su amistad desde la Conferencia de Medellín (Colombia) en 1968.

Todos ellos tenían en común una serie de valores que les convertía en una comunidad viva y los diferenciaba de otros colegas en el episcopado que, quizá con la mejor voluntad, se limitaban a ser "funcionarios de Dios". El primero y principal fue la libertad, que ejercieron venciendo el miedo a la represión política a la que se vieron sometidos por las dictaduras militares y los gobiernos autoritarios de sus países, y resistiendo frente a las amenazas de sanciones eclesiásticas de que fueron objeto. El segundo fue la opción por los pobres, que se tradujo en la denuncia de las estructuras injustas y la lucha por su transformación, en el trabajo por la paz fundada en la justicia y la ubicación de los marginados en el centro de sus preocupaciones. El tercero fue la persecución por el poder político y por la propia Iglesia-institución en sus distintas modalidades: fueron acusados de comunistas por los poderosos, de "malos obispos" por los sedicentes católicos, de sembrar división en la Iglesia, de defender la lucha de clases. Lo recordaba monseñor Helder Cámara: "Si doy de comer a un pobre, dicen que son una persona caritativa, si pregunto por qué existe la pobreza me llaman comunista". El cuarto fue el ecumenismo con otras iglesias cristianas, religiones y movimientos sociales; ecumenismo que no buscaba el entendimiento y el acuerdo en la doctrina, en los ritos, en la moral, sino en el territorio común de la acción liberadora.

[* "A los pueblos originarios de Aby-Yala de ayer, de hoy y de mañana, adoradores del Sol como fuente de vida y primeros ecologistas de la historia, en recuerdo de la experiencia cósmico-fraterno-sororal compartida del 27 al 31 de enero, siempre en mi memoria y en mi vida, con respeto y agradecimiento".
** Juan José Tamayo es autor de "La teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso" (Tirant Lo Blanc, Valencia, 2009)
Enviado por Eclesalia].
Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1〈=ES&cod=44895
* El autor es Teólogo

jueves, 19 de marzo de 2009

COORDINADORA SIMON BOLIVAR CON LA CIENCIA 23 DE ENERO

COORDINADORA SIMON BOLIVAR CON LA CIENCIA 23 DE ENERO
Vídeo enviado por 23sergey

COORDINADORA SIMON BOLIVAR APOYANDO LO CIENTIFICO Y LO TECNOLOGICO GRACIAS AL GOBIERNO BOLIVARIANO, PARA LOGRAR UNA NACION DESARROLLADA. MANUEL MARULANDA E ISMAEL RAMOS VIVE LA LUCHA SIGUE. coordinadorasimonbolivar.info

martes, 5 de agosto de 2008

El amor después de todo

Gorka Andraka
Gara


El amor se aprende, se hace, se inventa, se contagia… y también se acaba. Queramos o no, dura lo que dura. El amor caduca sin previo aviso y no admite reclamaciones ni devoluciones. El amor es así. Improbable. Impredecible. Improrrogable. Hay amores chispa, los amores chiribita. "Fue bonito mientras duró. / A las once me besaste. / A las once y un segundo supe que / estabas casado", confiesa Coloma Fernández Armero en su "Romance de un segundo". Y hay amores estrella, de lumbre perpetua, los amores que toda una vida no agotan.

Jean-Louis Ronzier, un pintor francés de 68 años, se casó a título póstumo el sábado pasado. En la ceremonia, junto a Ronzier, y sobre una silla, el sombrero del año 1900 que la novia ausente había comprado para tan señalado día. Martine Cazenave falleció en setiembre de 2004, dos meses antes de la fecha fijada para su boda. Según el Código Civil francés, el presidente de la República puede autorizar, como en este caso, un matrimonio póstumo "por motivos graves, si uno de los futuros esposos fallece después de cumplir las formalidades oficiales que demuestren sin equívoco su consentimiento". Jean-Louis y Martine, "el amor de mi vida", convivían desde los años 80. "Ella hubiera hecho lo mismo en mi lugar. La quiero mucho y las otras mujeres no me interesan", declaró el recién casado.

Ted Howard y Molly se conocieron en 1948 en una feria de pueblo del Reino Unido. Él tenía 23 años y ella 18. "Fue un amor a primera vista", explica Ted. Se casaron en 1955 y permanecieron juntos 50 años, hasta la muerte de Molly hace tres. Durante los siete años de noviazgo Ted viajó por Europa y en ese tiempo envió 98 cartas de amor a Molly, quien poco antes de casarse descubrió a alguien leyéndolas y decidió destruirlas. En 1993, Ted comenzó a juntar los más de 2.000 diminutos trocitos de esas epístolas y ahora, quince años después y tras una hora diaria dedicada a recomponer palabras, ha concluido su tarea y prepara ya un libro que recogerá todas sus misivas y dedicará a la memoria de su esposa. "Aún echo muchísimo de menos a Molly y mantener estos recuerdos me ayuda", comenta Howard, a sus 82 años.

Quien lo probó, siempre repite. El amor es eterno mientras dura. Una noche. Un día. Siete vidas. En ocasiones resiste tanto que ni la muerte lo separa. "El invencible", lo llama Charo Prados en uno de sus poemas. "Así sea el amor: el de la risa azul, el de la risa. El del tambor y el son, el de los besos. El de la piel y el mar". Así sea el amor: invencible después de todo.

martes, 22 de julio de 2008

¿Cuál es la felicidad posible?

2008-07-18

  La felicidad es uno de los bienes más ansiados por el ser humano, pero no puede ser comprada ni en el mercado, ni en la bolsa, ni en los bancos.
A pesar de eso, alrededor de ella se ha creado toda una industria que viene bajo el nombre de auto-ayuda. Con pedazos de ciencia y de psicología se procura ofrecer una fórmula infalible para alcanzar «la vida que usted siempre soñó». Confrontada, sin embargo, con el curso inalterable de las cosas, se muestra insostenible y falaz. Curiosamente, la mayoría de los que buscan la felicidad intuyen que no puede encontrarla en la ciencia pura o en algún centro tecnológico. En Brasil van a un pai o una mãe de santo, o a un centro espírita, o frecuentan un grupo carismático, consultan a un gurú, leen el horóscopo o estudian el I-Ching de la felicidad. Tienen conciencia de que la consecución de la felicidad no está en la razón analítica o calculatoria sino en la razón sensible y en la inteligencia emocional y cordial. Esto porque la felicidad debe venir de dentro, del corazón y de la sensibilidad.
Para decirlo sin rodeos: no se puede ir directamente a la felicidad. Quien lo hace así es infeliz casi siempre. La felicidad resulta de algo anterior: de la esencia del ser humano y de un sentido de justa medida en todo.
La esencia del ser humano reside en su capacidad de relacionarse. Él es un nudo de relaciones, una especie de rizoma, cuyas raíces apuntan en todas las direcciones. Sólo se realiza cuando activa continuamente su panrelacionalidad, con el universo, con la naturaleza, con la sociedad, con las personas, con su propio corazón y con Dios. Esa relación con lo diferente le permite el intercambio, el enriquecimiento y la transformación. La felicidad o infelicidad nace de este juego de relaciones en proporción a la calidad de las mismas. Fuera de la relación no hay felicidad posible.
Pero eso no basta. Importa vivir un sentido profundo de justa medida en el cuadro de la condición humana concreta. Ésta está hecha de realizaciones y de frustraciones, de violencia y de cariño, de la monotonía de lo cotidiano y de acontecimientos sorprendentes, de salud, de enfermedad y, por último, de muerte.
Ser feliz es encontrar la justa medida en relación a estas polarizaciones. De ahí nace un equilibrio creativo: sin ser demasiado pesimista porque ve las sombras, ni demasiado optimista porque percibe las luces. Ser concretamente realista, asumiendo creativamente lo incompleto de la vida humana, intentando, día a día, escribir derecho con renglones torcidos.
La felicidad depende de esa actitud, especialmente cuando nos enfrentamos a los límites inevitables, como por ejemplo, las frustraciones y la muerte. De nada vale ser rebelde o resignado, pero todo cambia si somos creativos: eso hace de los límites fuentes de energía y de crecimiento. Es lo que llamamos resiliencia: el arte de sacar ventaja de las dificultades y de los fracasos.
Aquí aparece un sentido espiritual de la vida, sin el cual la felicidad no se sostiene a mediano y a largo plazo. Entonces resulta que la muerte no es enemiga de la vida, sino un salto rumbo a un otro orden más alto. Si nos sentimos en la palma de las manos de Dios, nos serenamos. Morir es sumergirnos en la Fuente. De esta forma, como dice Pedro Demo, un pensador que en Brasil hizo el mejor estudio de la Dialéctica de la Felicidad (en tres tomos, publicados por la editorial Vozes, de Petrópolis): «Si no se puede traer el cielo a la tierra, por lo menos podemos acercarlos». Ésta es la sencilla y factible felicidad que podemos conquistar penosamente, como hijos e hijas de Adán y Eva venidos a menos
LEONARDO BOFF

miércoles, 4 de junio de 2008

Credo de los pobres

El Credo de los pobres, de Víctor Codina, sj. Acá